Lo similar y lo diferente entre la Danza Polinesia y la Danza Árabe

Este es un post que intenta responder a una pregunta con la que me encuentro frecuentemente en clase o fuera de ella:
¿La danza polinesia y la danza árabe se parecen mucho, no?
Mi opinión personal es que no, a pesar que tienen algunos elementos aparentemente similares, en la práctica son radicalmente diferentes.

Lo similar

Me explico… dejando a un lado que las danzas polinesias se integran por un abanico amplísimo de estilos y tradiciones y centrándome en el estilo tahitiano predominante en la actualidad compuesto principalmente por la ote’a y la aparima, empiezo explicando algunos puntos en común a las danzas polinesia y árabe, y digo árabe queriendo decir también danza del vientre, danza oriental o belly dance.
Las dos danzas se basan en el movimiento de pelvis y caderas y este movimiento se realiza de forma aislada del resto del cuerpo, desarrollando la flexibilidad de la columna vertebral y la musculatura del torso, lo cual moldea el cuerpo y proporciona elegancia en todo movimiento.
Ambas son un excelente ejercicio para la musculatura de la pelvis femenina y del suelo pélvico en particular, aspectos sobradamente beneficiosos en los procesos de la maternidad y para asegurar la salud femenina a lo largo de todas las edades de la vida de la mujer. En este sentido se puede decir que están relacionadas con la sexualidad femenina y con cómo se vive esa sexualidad.

Lo diferente

En este punto, para entender la diferencia abismal que hay entre una danza y otra, es indispensable observar el contexto cultural en el que se desarrollan y la vida social de la mujer en ese contexto.
Las características particulares de cada danza son una expresión de la realidad cultural en la que tienen lugar, la personalidad de sus pueblos, su energía manifiesta. Y es contraponiendo dos danzas de diferentes culturas como más fácilmente podemos analizar los aspectos que reflejan esa realidad no visible.
La danza árabe es en origen un ejercicio de preparación al parto. La postura básica del cuerpo, de donde parte todo movimiento de danza, en el caso de la danza árabe exige la basculación de la pelvis en una postura que estira la zona sacra para darle una forma de mobilidad necesaria para la ejecución de los elementos particulares de la danza. Las piernas ligeramente flexionadas para facilitar los movimientos. El trabajo en esta postura es beneficioso para el parto, para la salud del útero, para la salud intestinal, para canalizar tensiones y tonificar el cuerpo. En contraposición, la postura básica de la que parte la danza polinesia también es con las piernas ligeramente flexionadas para facilitar el movimiento de la cadera, pero la pelvis está relajada y libre. Los elementos de la danza trabajan el movimiento de la pelvis en todas las direcciones y dentro de este movimiento también trabaja la basculación. El movimiento de las caderas es más amplio y enérgico. Este trabajo es beneficioso para la flexibilidad física y mental, cardiovascular, para la maternidad, para la salud intestinal, para la salud sexual (sea ésta relacionada con la maternidad o no), fortalece las articulaciones de las caderas y tonifica el cuerpo.
La danza árabe utiliza un vestuario y unos ornamentos recargados de elementos metálicos y pedrería elaborados por manos humanas, filigranas y tejidos teñidos de vivos colores que realzan la feminidad de las bailarinas a modo de odaliscas. En el estilo hay afectación, sublimación y un endiosamiento del cuerpo de la mujer.
Por contrapartida la danza polinesia, aunque también utiliza tejidos coloreados como son los fabulosos pareos, los ornamentos y gran parte del vestuario están compuestos por materiales naturales vegetales (hojas frescas, fibras vegetales, flores y semillas) y animales (caracolas, nácar, plumas). En el estilo hay frescura y una sensualidad despierta y desenfadada.
Sin querer caer en tópicos, es una realidad evidente que la vida de la mujer en la cultura árabe está relegada a un segundo plano y que su desarrollo social tiene lugar de puertas adentro, en la privacidad de los hogares y comunidades familiares. En esta sociedad patriarcal, la mujer carga con la pesada responsabilidad de ser depositaria del honor del conjunto social al que pertenece, lo cual exige una conducta social y sexual determinada y estrictamente limitada. Luego la actividad social y cultural de la mujer árabe es introspectiva, hacia dentro, como es la energía del metal de acuerdo con la concepción oriental de los elementos, una energía concéntrica, contractiva; y tal actividad se desarrolla en los cerrados círculos comunitarios femeninos, motivo por el cual es una actividad invisible a los ojos occidentales.
Bien al contrario, cuando los europeos arribaron a los mares del sur se encontraron con una civilización cuyas mujeres gozaban del mismo estatus social y libertad que sus hombres y que igual que ellos vivían su sexualidad de manera extrovertida y sin tabús. La línea hereditaria de la mayoría de sociedades de las islas del Pacífico es tradicionalmente matrilineal y el rango y los atributos sociales se heredan por linea materna. La cultura original se caracterizaba también, según antropólogos del s. XX, por el desconocimiento de emociones tales como los celos, la dependencia emocional y la posesión en las relaciones, así como por la inexistencia de las perversiones sexuales características de las culturas represoras de la sexualidad. Las danzas polinesias expresan abiertamente esta realidad, motivo por el cual fueron prohibidas por los colonos puritanos (la colonización por costumbre hizo más mal que bien a los pueblos de las tierras que se invadieron).
La exuberancia de la danza es pareja a la energía vegetal, que de acuerdo a la concepción oriental de los elementos es una energía excéntrica, extrovertida, de crecimiento exuberante y expansiva.

Conclusión

Por todas estas razones y obviando muchas otras características de las danzas, partiendo de experiencias de la feminidad tan alejadas, es imposible que las expresiones de la danza puedan equipararse ya que conllevan energías opuestas y consciencias del mundo y de la feminidad que son irreconciliables. Mientras la danza árabe canaliza la energía femenina para expresarla de un modo contenido enfocado y lleno de sensualidad, la danza polinesia tahitiana expresa la exuberancia de una feminidad libre y una naturalidad desatada.

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